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Ese medio dìa Paola llegò temprano de la escuela, siempre hacia el camino a piè, la escuela no quedaba lejos, entrò con su llave, a esa hora solo se encontraba en casa Marilú, la sirvienta. Al llegar a su recamara, viò sus muñecas, a sus casi doce años ya le aburrian.
Dejò su bolsa de libros sobre la cama, y comenzò a quitarse su faldita de cuadros, mientras se miraba al espejo de cuerpo entero, siguiò con la blusita y la remerita, quedò solo con el delicado corpìño que estrechaba cada dia màs sus pechos, se mirò y acariciò el discreto caminito de vellos que bajaba desde el ombligo y se perdia bajo la panty, se mirò, hacia tiempo que notaba que algunos hombres la miraban con interes.
Hace pocos dias a la salida de la escuela, como siempre, se hacia un tumulto de chiquillos en el portòn, al pasar junto al portero, Paola sintiò el brazo de este sobre uno de sus pechitos tiernos, claramente sinitiò como el brazo del hombre se metia bajo la tetita y la levantaba, el contacto no le desagradò y este medio dìa la demàs chiquilleria la apretò contra el portero, su cuerpo quedò de espaldas al hombre de unos 45 años, claramente sintio una de sus manos sobre sus nalgas, enmedio de ellas, sintiò como frotaba, durante unos segundos, sin disimulo, en eso el tumulto la arrastrò hacia la calle, sentia las nalgas calientes. Al recordar la caricia los pezones de Paola de pusieron duritos como soldaditos, paraditos bajo el corpiño, lo levantò por encima de sus hombros y comenzò a tocarse mientras se miraba al espejo, la blanca piel de la niña se erizò, en eso Paola escucho un ruido, gemidos, afuera, en la ventana que daba al patio trasero, al asomarse a la persiana, viò a Marilu, la sirvienta, estaba con el albañil que trabajaba en la casa de a lado, Marilù estaba de rodillas, chupàndo el pene del albañil, èste, de unos 25 años, con la camisa abierta, mostraba un abdomen duro, el pantalon hasta las rodillas, zapatos de trabajo manchados de cemento, entraba y salia de la boca de la sirvienta, el albañil habia tomado la cabeza de la sirvienta y la agitaba violentamente, metiendo y sacando el pene brillante de saliva de su boca. A menos de dos metros Paola, miraba hipnotizada, como la cabeza de la sirvienta casi se desprendia de lo violento de las sacudidas, en eso el albañil cambio de tàctica, dejò fija la cabeza de Marilù y comenzo a mover las caderas, sin dejar de meter y sacar cada vez con màs velocidad la furiosa verga hasta la garganta, a momentos la sirvienta se ahogaba; en eso el hombre retirò la verga, la boca de Marilù siguio abierta, ansiosa, mientras el albañil ahora se masturbaba, frente al rostro de la chica, que con la boca abierta trataba de adivinar donde caeria la leche, en eso el primer latigazo de semen cruzò el rostro de Marilù, y quedò sobre su nariz y frente, la goloza hembra no tuvo paciencia para esperar, arrebatò la verga y comenzò a chupar de nuevo. Paola tenia fija la mirada en la blanca mancha que comenzaba a escurir sobre la frente de la sirvienta, que en ese momento era premiada con otros dos chorros de leche tibia en la boca, golosa los tragò y no dejaba de chupar, lamiendo a todo lo largo la verga y los testiculos, limpiando, ensalivando todo, en eso pasò el pene sobre su frente y levantò la leche y lamiò, mientras el pene comenzaba a perder su dureza. En ese momento la pequeña Paola tenia una de sus manitas bajo la panty, hùmeda, su respiracion agitada, habia presenciado uno o dos minutos de sexo, en primera fila, en ese momento sintio el deseo de lamer aquel trozo de carne, que Marilù no se cansaba de ensalivar, incluso en el momento en que el albañil, lo metia flacido al pantalon, Marilù le daba una ùltima lamida, y asi quedò, de rodillas, mientras el albañil saltaba agilmente la barda hacia la otra casa. Paola quedò quieta, igual que la sirvienta de rodillas, en ese momento, deseo probar ese liquido blanco, que tanto habia disfrutado la sirvienta...y pronto tendria oportunidad de disfrutar de una leche como esa....(continuarà)
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